Juan Antonio Corbalán cuenta una gran anécdota
Published by Sergio Palay October 4th, 2008 in Baloncesto España, Jugadores.
El otro día mientras hacía el post de Iturriaga me entraron ganas de conocer más sobre el emprendimiento en el que participa en conjunto con figuras del fútbol como Zubizarreta y Valdano y otro grande del baloncesto como Juan Antonio Corbalán.
Corbalán esta considerado uno de los grandes jugadores de la historia de baloncesto español. El base cuenta con el mejor palmarés individual de la historia del baloncesto español. Durante 16 temporadas jugó en el Real Madrid (1972-1988), club con el que consiguió 14 Ligas, 7 Copas del Rey, 3 Copas de Europa, 1 Recopa, 1 Copa Korac y 4 Copas Intercontinentales. Además disputó 177 juegos con la selección española ganando la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Angeles ’84 y del Campeonato de Europa de Nantes ’83. Recibió el Premio Príncipe de Asturias del Consejo Superior de Deportes, el Premio Deportivo Villa de Madrid y también la Orden Olímpica del Comité Olímpico Español.
Además, Juan Antonio Corbalán es Licenciado en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad, realiza su actividad profesional en el Hospital Ruber Internacional, en el área de la Fisiología del Ejercicio y colabora con el proyecto Maketeam.
Es precisamente en el marco de las charlas dictadas en ese proyecto que recogemos una de sus más jugosas anécdotas.
“Yo jugué mi primera final de la Copa de Europa cuando tenía 18 años en mi segundo año de estar en el Real Madrid. Aquel año yo no había jugado prácticamente nada durante toda la Copa de Europa, no en vano tenía delante a Vicente Ramos, a Carmelo Cabrera que eran los dos mejores bases que había en aquel momento en España y en este equipo.
Bueno, llegamos a la final, sale Vicente Ramos, hace un partido muy bueno, como Vicente Ramos solía responder con mucha homogeneidad en casi todos los partidos pero comete cuatro faltas cuando quedaban prácticamente pues dos minutos, dos minutos y medio para acabar el primer tiempo. Ferrandiz nuestro entrenador, nuestro hiperlíder, nuestra persona talento y mente brillante reserva a Vicente Ramos para que pudiera jugar al final por si las cosas estaban mal. Sale Carmelo Cabrera que era un canario genial, hizo un partidazo espectacular y mantuvo el partido igualado dos puntos arriba, dos puntos abajo hasta que llegaron los tres últimos minutos. En ese momento Carmelo Cabrera hace la quinta falta personal y en ese momento cuando todo el mundo pensaba que Pedro Ferrandiz iba a sacar a Vicente Ramos, a Pedro Ferrandiz se le olvida que Vicente Ramos tenía cuatro y pensaba que tenía cinco, entonces con un desconsuelo casi cósmico miró para la esquina del banquillo donde estaba un servidor jugando a las damas como Luis Mari Prada, otro ilustre reserva de aquella época, y entonces me dice: “Chaval, a jugar”. Yo no podía dar crédito. Le dije: “No es posible que se acuerde de mí hoy”, has tenido los equipos a los suizos, hasta tenido a los equipos noruegos, has tenido a los equipos alemanes, equipos a los que ganábamos de 30, de 40, de 50 y de 60 puntos, ninguno de ellos les dió la confianza suficiente para que yo pudiera jugar ni un minuto y resulta que en la final de la Copa de Europa contra el Lisnis de Varese en los tres últimos minutos es cuando te acuerdas de mí. Yo estuve a punto de decirle: “Oye, Pedro recuerda que Vicente tiene cuatro faltas, pero bueno ya me pareció que sería empezar a cavar mi fosa deportiva y dije: bueno, pues si hay que morir en los leones ahí va un voluntario y me fui.
Naturalmente los italianos que me vieron tan jovencito, además de pequeño que es lo que iba a decir, me hicieron todas las faltas a mí pensando en que yo iba a fallar todas las faltas. Naturalmente también ustedes pensarán que yo las metí todas porque sino no hubiera contando esa anécdota, también es así, pero es cierto, es cierto que yo salí a aquel partido y luego después de meter seis tiros libres seguidos, de meter los últimos puntos del equipo y de ganar la final de aquel año por dos puntos, yo me di cuenta que nunca sabemos cuando vamos a ser el elemento fundamental de algo, porque el destino, porque el mercado, porque los adversarios a los que nos enfrentamos en la competencia nunca nos avisan de sus imponderables y todo el mundo tiene que estar de alguna manera dispuesto a ser ese protagonista.”.
Sin dudas no es extrañar que con experiencias como estas Corbalán de charlas en varios países del mundo.



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